¿Por qué nos cuesta más hacer amigos a los 30?

by - abril 18, 2018


Foto: Pepe Pont
Hay un interesante artículo en el New York Times al respecto, de cómo la forma de relacionarnos con los demás cambia a medida que pasan los años. No es extraño entonces que desde los 30 y hacia arriba no tengamos la misma vida social que solíamos tener en nuestra adolescencia o a los 20 y tantos, y eso es porque estábamos en una etapa exploratoria de nuestras vidas que,
de hecho, es aquella en la que se conocen la mayor parte de los amigos que serán “para toda la vida”.

Pero a los 30 pareciera que se activa un cierto “reloj biológico” que nos recuerda que nuestro horizonte se esta reduciendo, que ya basta de tanta exploración y que es mejor concentrarse en el aquí y el ahora, y en aquellos amigos que ya tenemos.

Según Rebecca Addams, profesora de sociología y gerontología de la Universidad de Carolina del Norte, a medida que cambian las condiciones externas, cada vez se hace más difícil encontrar las tres condicionantes esenciales para hacer amigos: proximidad, reuniones espontáneas y seguidas, y un escenario que aliente a la gente a bajar la guardia y confiar en el otro.

Con el ritmo de vida propio de una persona que trabaja, es difícil mantener la proximidad, no solo porque muchas veces las personas se cambian de ciudad o país, sino también por el cansancio de esta rutina y el aumento de las responsabilidades, que hace que uno termine aplazando las reuniones.

Otro problema que surge son las diferencias de dinero que gana cada persona. Tristemente, cuando existen diferencias muy grandes entre uno y otro la amistad tiende a resentirse, en especial cuando quien gana más dinero no empatiza con la economía del otro, y le sugiere, por ejemplo, reunirse a comer en restaurants caros o habla demasiado de plata.

A los 30 las personas comienzan a estabilizar su vida amorosa, y la pareja de tu amigo o amiga puede llegar a ser otro problema, ya que es muy difícil hacer que cuatro personas congenien bien. Y para qué hablar de la llegada de los niños, las prioridades terminan de cambiar por completo, y amigos de toda la vida se alejan cuando uno tuvo hijos y el otro no.

Cuando cumplimos 30 comenzamos a experimentar cambios internos, aprendemos a conocernos mejor y por ende nos volvemos más selectivos en la elección de las personas que deseamos a nuestro lado. Las malas experiencias nos han hecho más “duros” y pesimistas respecto a la amistad.

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